Sangre de barrio – Una edición que consagra la obra de Jaime Martín

Sangre de Barrio

Toca ponerse serios. Después de tanta fantasía adolescente y aventura deportiva, esta vez me apetecía hincarle el diente a un clásico del cómic español que Norma Editorial acaba de recuperar: Sangre de barrio, de Jaime Martín, en una nueva edición integral que llega casi cuatro décadas después de su primera publicación. Y os aviso ya: esto no es una lectura cómoda, pero es de esas que se quedan grabadas.

Jaime Martín nació en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona) en 1966 y arrancó su carrera profesional en el cómic en 1985, publicando historias cortas en las revistas del sello Intermagen de Josep Maria Beà. Sangre de barrio fue su primera obra larga en solitario, una historieta de 48 páginas que el editor de El Víbora, Josep María Berenguer, le encargó publicar directamente en la línea de números especiales «Historias Completas» sin pasar antes por la serialización habitual de la revista: todo un voto de confianza para un autor que por entonces todavía estaba dando sus primeros pasos, y que la creó en las difíciles condiciones de un piso diminuto que compartía en hacinamiento con varios familiares. El resultado le valió el Premio al autor revelación del Salón Internacional del Cómic de Barcelona de 1990, y lo consolidó de golpe como una de las voces más personales del cómic español de finales de los ochenta.

La ópera prima que consagró a Jaime Martín

Sangre de BarrioEl propio Martín ha explicado que construye sus historias mezclando fragmentos de realidad, propios y ajenos, con retazos de ficción: sus amigos fueron la principal fuente de anécdotas para la primera parte, mientras que la historia corta Purgatorio (incluida como interludio entre la primera y la segunda parte) se apoyó en la experiencia de su hermano pequeño, que hizo la objeción de conciencia dando clases de guitarra en un centro penitenciario.

Vicen acaba de mudarse con su hermana y su madre al municipio barcelonés de L’Hospitalet. Corre la década de 1980 y el panorama es desolador: un horizonte gris, achatado por el paro, la violencia y las drogas. Vicen pasará su adolescencia y su primera juventud en el epicentro de ese ambiente marginal, respirando lo bueno y, sobre todo, lo malo, en compañía de un grupo de amigos tan atrapados como él en un entorno que no les ofrece ningún futuro al que aspirar.

Lo que más me interesa de esta historia es que Martín no retrata a sus personajes desde la distancia ni el paternalismo: el propio autor ha contado que lo que quería transmitir era esa sensación de abandono compartida por un grupo de gente consciente de vivir en un lugar hostil, donde la aspereza cotidiana incluía saber que en cualquier momento te podían atracar a punta de navaja. Y ha sido tajante en diferenciar a sus protagonistas de los típicos quinquis ochenteros del cine de la época: los suyos siempre fueron más de rock que de rumba, algo que se nota en la banda sonora emocional que sobrevuela todo el cómic.

Sangre de BarrioUno de los aspectos más interesantes de leer esta nueva edición integral, que reúne las tres partes originales publicadas entre 1989 y 2005, es ver la propia evolución gráfica de Martín. La segunda entrega, de 1993, ya mostraba una evidente influencia del manga que se aleja del trazo más crudo y directo de la primera parte, y esa progresión hacia un dibujo más suelto y depurado se hace evidente al leer el conjunto de corrido. El blanco y negro, fiel al espíritu original de la publicación en El Víbora, funciona perfectamente para reflejar la aspereza del ambiente que describe la historia, sin ningún tipo de embellecimiento innecesario.

Esta edición de Norma recupera además un tamaño casi coincidente con el de la publicación original de La Cúpula, con una portada rediseñada como homenaje a la primera edición (recuperando el edificio de la Vanguard), un nuevo prólogo de Jaume Vidal y un texto final del propio Martín donde repasa el proceso creativo de una obra marcada por la adolescencia, la violencia cotidiana y una época que él mismo reconoce difícil de suavizar.

Sangre de barrio funciona hoy exactamente igual que hace casi cuarenta años: como retrato generacional incómodo de una realidad muy concreta, la de ciertos barrios obreros de los años ochenta atravesados por la falta de expectativas, la marginalidad y una rabia que muchas veces encontraba salida en la violencia o el exceso. Lo que hace que envejezca tan bien no es solo la calidad del dibujo o la crudeza del relato, sino la honestidad con la que Martín trata a sus personajes: nunca los juzga, nunca busca la lección moral fácil, simplemente los deja respirar en su propio contexto.

Es una lectura dura, sin concesiones, pero también profundamente humana. Si os interesa el cómic social español, la crónica generacional o simplemente queréis descubrir de dónde viene una de las voces más personales de nuestra industria, esta nueva edición integral es la mejor puerta de entrada posible a la obra de Jaime Martín.

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