Toca volver al terreno del cómic infantil y juvenil, esta vez con una historia con mucho corazón catalán detrás: El misterio de la Geoda Rosada, la ópera prima de Júlia Rubau que ha publicado Astronave, el sello infantil y juvenil de Norma Editorial. Y lo que hace especial a este título no es solo la historia en sí, sino cómo ha llegado a nuestras manos: es la obra ganadora del primer Premio Carnet Jove de Cómic, una iniciativa de la Agencia Catalana de la Juventud dotada con 8.000 euros que ha permitido a su autora publicar su primer álbum completo.
Sobre la autora: una debutante con mucho oficio ya encima
Júlia Rubau (nacida en 2001) es graduada en Art Gràfic por la Escola Joso, donde tuvo como profesor de narrativa a Toni Fejzula, a quien reconoce como una influencia decisiva a la hora de decidirse por el cómic como carrera. Antes de este álbum ya se había dado a conocer con una mención especial en el Concurso de Cómics Ciutat de Cornellà, cuyas páginas iniciales terminarían germinando en esta historia. Rubau reconoce beber tanto del manga que devoraba de adolescente como de series de animación occidental como Hora de aventuras, Steven Universe o Over the Garden Wall, y ese cóctel de referencias se nota en cada página. También cita como influencia directa a Enrique Fernández, cuyo tratamiento del color en digital simulando técnicas tradicionales ha intentado trasladar a su propio trabajo.
Lara, Nil y Dídac son tres amigos atrapados en el verano más aburrido del mundo en el pequeño pueblo de Montarboç, donde veranean cada año con sus padres. Sin planes ni forma de matar el tiempo, todo cambia el día que Lara descubre unas ranas parlanchinas que crecen a una velocidad completamente imposible. Empeñados en averiguar el origen de este fenómeno, los tres amigos se ven arrastrados a un misterio que incluye una geoda rosada capaz de alterar la realidad, todo un microcosmos de ranas parlantes, un complot y una rana bastante enfadada dispuesta a hacer lo que sea por devolver la paz al pueblo.
Lo que más me ha gustado de la premisa es su punto de partida tan reconocible: ese aburrimiento infinito del verano infantil en el que solo tienes tu imaginación (y, como mucho, una Nintendo) para inventarte una aventura. Rubau ha ambientado la historia deliberadamente en su propia infancia, sin móviles ni redes sociales de por medio, y ese detalle no es casual: la ausencia de pruebas fotográficas obliga a los protagonistas a fiarse los unos de los otros, generando un conflicto muy orgánico entre lo que cuentan haber visto y lo que sus amigos están dispuestos a creer.
Bajo la capa de aventura y fantasía, el cómic también tiene un fondo emocional bastante claro: la gestión de las emociones fuertes, sobre todo del enfado, a través del propio recorrido de Lara como protagonista. No es un mensaje impuesto con calzador, sino que se entrelaza de forma natural con la trama de la geoda y las ranas, dejando espacio también para hablar de amistad y de esa costumbre tan infantil de construir mundos imaginarios entre amigos.
El dibujo y el estilo: paletas cálidas y acabado casi artesanal
Aquí es donde Rubau demuestra que, aunque sea su debut, tiene ya mucho oficio. Todo el cómic está realizado en digital con Procreate, pero persigue deliberadamente una sensación de pintura tradicional, como si estuviera hecho con gouache o lápices de colores. El resultado es un acabado cálido y orgánico que encaja perfectamente con el tono nostálgico de la historia. La autora reconoce dar muchísima importancia al color, construyendo atmósferas casi monocromáticas según la escena para transmitir la emoción del momento antes que representar la realidad de forma literal, y ese cuidado se nota especialmente en las secuencias ambientadas en el bosque y junto al río.
El diseño de las ranas y de la geoda tiene además una influencia directa de la iconografía del ilustrador japonés Yoriyuki Ikegami, y ese punto de fantasía pausada y contemplativa, más cercana a la ilustración que a la acción trepidante, es una de las señas de identidad más marcadas del álbum.
Como debut, El misterio de la Geoda Rosada cumple con creces lo que promete: una aventura de verano con toque de fantasía, tres protagonistas con los que es fácil identificarse y un trasfondo emocional que le da algo más de sustancia que la simple peripecia mágica. Se nota, eso sí, que el guion es el terreno en el que Rubau se siente menos cómoda (ella misma lo reconoce), y en algún tramo la trama se resiente ligeramente de ese aprendizaje, sin que llegue a ser un problema grave.
Para lectores a partir de nueve años que disfruten de las aventuras con toque mágico, la amistad como eje central y una estética muy cuidada, este es un título estupendo con el que además apoyar a una autora joven que promete mucho de cara al futuro. Personalmente, tengo ganas de ver cómo evoluciona su forma de narrar en sus próximos proyectos.