Entre nosotras – Una historia de amor con el patinaje de hielo sobre fondo

Entre nosotras

Llevaba tiempo con ganas de hincarle el diente a algo que se saliera un poco de mi terreno habitual, y Entre nosotras me pareció la excusa perfecta. Astronave, el sello juvenil de Norma Editorial, ha traído a España el debut de Adeline Kon, una novela gráfica que llegó a Estados Unidos en febrero de este mismo año de la mano de Dial Books y que entró directa en las listas de más vendidos. Y después de leerla, entiendo perfectamente por qué.

Es un tebeo autoconclusivo, sin continuidad previa ni posterior, así que se puede empezar sin ningún tipo de contexto: ni falta que hace conocer nada de antemano para meterse de lleno en la historia de Lydia Chen y Elaine Yee.

Sobre la autora: un debut que ya suena con fuerza

Entre nosotrasAdeline Kon firma aquí tanto el guion como el dibujo, y aunque es su primer trabajo de largo recorrido, se nota que lleva tiempo estudiando el medio. La propia autora ha reconocido en varias entrevistas su admiración por Takako Shimura, algo que se percibe claramente en su forma de dibujar los rostros y las emociones contenidas, aunque combina esa influencia manga con una composición de página mucho más cercana al cómic norteamericano, con ecos de autoras como Jillian Tamaki. Kon también ha comentado que siguió de cerca programas reales de patinadoras como Satoko Miyahara o Rika Kihira para documentarse antes de dibujar las coreografías del libro, y ese trabajo de campo se nota y mucho.

Lydia Chen es la número uno del mundo en patinaje artístico: técnicamente perfecta, imbatible desde su debut. El problema es que ya no siente nada cuando compite. Entre los patrocinadores, la presión constante y años de entrenamiento sin descanso, la pasión que la llevó al hielo hace tiempo que desapareció. Cuando su rival Elaine Yee empieza a entrenar en la misma pista, Lydia no le da mayor importancia, hasta que ve en las rutinas de Elaine algo que ella misma ha perdido: emoción, ligereza, disfrute real. A partir de ahí, el cómic construye su conflicto sobre una rivalidad deportiva que poco a poco se mezcla con una atracción que ninguna de las dos quiere admitir del todo, todo ello con las Olimpiadas como cuenta atrás.

Lo que más me ha gustado de la premisa es que Kon no convierte a Elaine en la salvadora que le devuelve la vida a Lydia sin más. Elaine tiene sus propias inseguridades técnicas y su propia forma de sufrir la rivalidad, y la relación entre ambas nunca deja de tener un componente competitivo incluso cuando ya hay sentimientos de por medio. Esa tensión constante entre querer que la otra gane y querer ganar tú es de lo mejor escrito del libro, y esquiva el patrón fácil del interés romántico que arregla la vida de la protagonista sin más matices.

Donde Kon brilla de verdad es en las secuencias de patinaje. Consigue transmitir velocidad y vértigo con muy pocas líneas de movimiento, y las rutinas de exhibición están coreografiadas en la página con una claridad que no siempre se ve en cómics deportivos, donde la acción tiende a la confusión visual. Se nota que investigó a fondo el deporte antes de dibujarlo, y quien haya seguido patinaje artístico de verdad reconocerá el mimo con el que están representados los saltos y las secuencias. Los descansos cómicos, con expresiones faciales exageradas en momentos puntuales, funcionan además como buen contrapunto a los tramos más tensos de la trama.

Entre nosotrasEl guion tampoco rehúye ciertos temas incómodos del deporte de élite juvenil: la presión económica de necesitar patrocinadores para competir, comentarios racistas veladas hacia las protagonistas de origen asiático dentro del circuito, y algún episodio de homofobia que añade fricción real al ambiente competitivo sin convertirse en el centro de la trama. Son pinceladas, no un ensayo sobre el tema, pero le dan al libro un peso que lo separa de un simple romance adolescente con decorado deportivo. También destaco la escena con la madre de Lydia, breve pero muy reveladora de hasta qué punto la carrera de la protagonista ha sido moldeada por expectativas familiares antes que por deseo propio.

Si tengo que ponerle un pero, es al tramo final. Después de trescientas páginas dedicadas casi por completo a la relación entre las dos protagonistas, el clímax olímpico se resuelve con menos desarrollo del que el resto del libro se había ganado. No arruina la lectura ni mucho menos, pero sí deja la sensación de que Kon tenía más ganas de escribir sobre la relación que sobre el deporte en sí mismo, algo que tampoco es un problema si se entra al libro sabiendo qué se busca.

La edición española mantiene el formato rústica con solapas del original americano, con un tamaño de página que favorece la lectura del trazo fino de Kon sin necesidad de reducir demasiado los detalles de las coreografías sobre hielo. Astronave lo cataloga a partir de catorce años, algo que encaja perfectamente con el tono: hay tensión romántica y algún beso, pero nada que se salga del registro habitual de la novela gráfica juvenil actual.

Para quien busque algo parecido a Laura Dean Keeps Breaking Up with Me o Check, Please!, Entre nosotras encaja en ese mismo espacio de cómic juvenil sáfico con corazón deportivo, y lo hace con un dibujo que compensa de sobra cualquier bajón de ritmo en el tramo final. No hace falta ser aficionado al patinaje artístico para engancharse a la historia, aunque quien sí lo sea notará el cariño con el que Kon ha investigado el deporte antes de dibujarlo. Un debut sólido que promete mucho de cara al futuro de su autora.

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