Hay lanzamientos que uno espera con curiosidad simplemente por lo que representan, y este es uno de esos casos. La Última Dinastía no es solo el primer tomo de un misterio sobrenatural ambientado en la China de hoy con ecos de la dinastía Qing, sino también el desembarco de Distrito Manga en el manhua chino, un terreno en el que la editorial no se había aventurado hasta ahora. Y tras leerlo de un tirón, entiendo perfectamente por qué han elegido esta obra para dar el salto.
La premisa arranca de forma sencilla, casi cotidiana: Gao Ying llega a Guangzhou para empezar sus estudios de Bellas Artes, pero se encuentra con la residencia universitaria todavía cerrada y no le queda más remedio que alojarse en un hotel antiguo y destartalado mientras encuentra algo definitivo. Lo que parece un simple contratiempo se convierte enseguida en la puerta de entrada a algo mucho más oscuro: el dueño del hotel es un aristócrata excéntrico superviviente de la dinastía Qing, y entre sus paredes se esconde un crimen sin resolver que se remonta siglos atrás, una lucha silenciosa que lleva generaciones en marcha y un demonio latente que alguien tiene que mantener encerrado.
Mo Fei y la apuesta de Distrito Manga por el manhua
La autora de esta historia es Mo Fei, y la obra llega a España de la mano de Distrito Manga tras publicarse originalmente en China bajo el sello KuaiKan Manhua, donde está planteada como una serie de cuatro volúmenes en total. Que una editorial acostumbrada a moverse entre el manga japonés y el manhwa coreano decida estrenar su catálogo de manhua chino con esta historia no me parece casual: combina un género, el misterio sobrenatural, que siempre ha funcionado bien entre el público español, con un dibujo lo bastante llamativo como para destacar en cualquier mesa de novedades sin necesidad de demasiado marketing detrás.
Y ahí es donde entra la parte editorial, que también merece mención aparte. El tomo llega en cartoné de tapa dura, con un formato alargado de 120 x 297 mm poco habitual en el catálogo de la editorial, más cercano al álbum europeo que a un manga o manhwa convencional, y con 280 páginas a todo color por 22,.95 euros. Es una decisión que tiene toda la lógica del mundo en cuanto empiezas a pasar páginas: el color es tan protagonista de la narración que un formato más pequeño le habría hecho un flaco favor.
Si venís acostumbrados al manga japonés en blanco y negro, el cambio de registro visual se nota desde la primera página. Aquí el color no es un simple añadido decorativo, sino una herramienta narrativa en toda regla: paletas apagadas y frías para los pasillos del hotel, que transmiten esa sensación de vacío incómodo, y rojos intensos reservados para los momentos en los que la amenaza sobrenatural asoma de verdad. El contraste funciona especialmente bien en las páginas que intercalan el presente con el pasado ligado a la dinastía Qing.
Si tengo que quedarme con un solo elemento visual del tomo, es sin duda el diseño del aristócrata que regenta el hotel. Es una figura que mezcla el refinamiento de la nobleza imperial con un aire inquietante logrado a base de proporciones ligeramente forzadas y una expresión que nunca termina de resultar del todo humana. Es de esos diseños que invitan a detenerse un momento antes de pasar de página, algo que agradezco especialmente en un género donde es fácil caer en el susto fácil y olvidarse de construir presencia.
Un misterio que dosifica bien su información
En cuanto a la historia, lo que más me ha convencido de este primer tomo es la paciencia con la que está construido. Mo Fei no tiene prisa por soltarlo todo de golpe: prefiere instalar la atmósfera primero, con pasillos vacíos, muebles que no encajan con la época del edificio y huéspedes que evitan mirar a Gao Ying a los ojos, antes de empezar a mover los hilos del misterio de verdad. Cuando por fin lo hace, ya hay tres tramas entrelazadas funcionando en paralelo sin que el lector las vea venir de antemano.
Gao Ying, por suerte, no se queda como un simple testigo de lo que ocurre a su alrededor: el tomo lo va convirtiendo poco a poco en una pieza activa del tablero, aunque él mismo no termine de entender del todo las reglas del juego en el que se ha metido. Esa asimetría entre lo que intuye el lector y lo que sabe el protagonista es uno de los recursos que mejor funcionan aquí, y deja bastante claro que la historia no va a resolverse en cuatro páginas.
Un detalle que también quiero destacar es el cuidado puesto en la traducción de la terminología ligada a los rangos y tratamientos de la época Qing, que aparece constantemente en los diálogos del aristócrata. Es el tipo de vocabulario que podría haberse convertido fácilmente en un obstáculo de lectura, y aquí se resuelve con soltura sin sacarte de la historia.
Este primer tomo cierra un arco lo bastante redondo como para funcionar por sí solo, algo que valoro especialmente en historias pensadas para varios volúmenes, porque no deja la sensación de estar leyendo solo la mitad de algo. Al mismo tiempo, deja abiertas suficientes preguntas, sobre todo relacionadas con esa lucha silenciosa de fondo y con la naturaleza real del demonio latente, como para tener muchas ganas de que llegue el segundo tomo.
La ambientación en una Guangzhou reconocible y actual, en lugar de un entorno rural o directamente cortesano, también me parece un acierto silencioso de la obra: sitúa el terror gótico en un contexto contemporáneo sin renunciar por ello a toda la carga histórica que arrastra el hotel y su dueño. Ese choque entre lo urbano de hoy y lo que se esconde bajo la superficie es, en el fondo, el motor de toda la propuesta.
En definitiva, La Última Dinastía arranca con un listón bastante alto: una premisa de terror gótico bien plantada, un protagonista con margen de crecimiento evidente y un misterio de fondo que promete complicarse en los tres tomos que quedan por publicarse. Si erais de los que solo os movíais entre manga y manhwa, este tomo es una buena excusa para asomaros también al manhua chino, y si Distrito Manga mantiene este nivel de cuidado editorial en el resto de la serie, no me extrañaría que se convirtiera en la puerta de entrada perfecta para que el público español empiece a interesarse por este mercado.