Cyanide regresa con una de sus franquicias de menor repercusión, aunque también una de las que mejor supo anticipar ciertas mecánicas modernas de sigilo. Para aquellos que pudieron disfrutar de sus anteriores entregas, como Styx: Master of Shadows o Styx: Shards of Darkness, recordarán propuestas que quizá no alcanzaron una gran repercusión mediática, pero que ofrecían interesantes dosis de infiltración. Nueve años después, la desarrolladora ha aprendido de sus títulos anteriores y de cómo ha evolucionado el género, por lo que Styx: Blades of Greed regresa con una fórmula renovada.
Uno de los primeros cambios que percibimos en esta nueva entrega es que el mundo ya no es lineal ni pasillero. Todo lo contrario: ahora encontramos un entorno mucho más amplio, con elementos de exploración y mecánicas sandbox que renuevan completamente su estructura y adaptan su esencia a los tiempos actuales. Su trama se sitúa tras los acontecimientos de Styx: Shards of Darkness, donde nuestro protagonista se embarca en una aventura en busca de cuarzo, un recurso mágico y extremadamente peligroso que puede ser absorbido por cualquier ser. Con su habitual humor e ingenio, Styx no volverá solo a las andadas, ya que contará con la ayuda de Helledyn y Djark, además de una tripulación que le apoyará en diferentes momentos. Lo que parece una misión sencilla terminará convirtiéndose en el inicio de la Gran Guerra impulsada por la formación Mano Negra, compuesta por orcos y humanos.
Styx regresa con sus mecánicas de sigilo y un puñado de novedades
Al ponernos a los mandos de Styx: Blades of Greed confirmamos que se trata de un título que no pretende reinventar la rueda. Mantiene las bases del sigilo que caracterizan a la saga, así como sus escenarios de fantasía y su característico sentido del humor. Este último sigue muy presente, y los comentarios de Styx lograrán sacar más de una carcajada en los momentos más inesperados. La aventura también ofrece una historia que gana en profundidad y que sitúa aún más al protagonista en el centro de la narrativa, especialmente en su relación con el cuarzo y con una entidad conocida como Flux, lo que permite explorar facetas del personaje que antes apenas se habían mostrado.
Uno de los problemas que encontramos es que Styx es el protagonista absoluto del juego. Su personalidad y evolución están muy trabajadas, pero el resto de personajes no reciben el mismo nivel de desarrollo, lo que provoca que sus tramas resulten menos interesantes y queden relegadas a un papel más secundario. Aun así, Cyanide ha puesto toda la carne en el asador en las mecánicas jugables, evolucionando el sigilo con niveles más abiertos, una mayor cantidad de escondites y un enfoque claramente sandbox. El juego ofrece escenarios muy ricos y variados como El Muro, una aldea de orcos conocida como Amanecer Turquesa o las Ruinas de Akanesh, antigua capital de los elfos. Todo ello, unido a su mundo abierto, proporciona grandes posibilidades de exploración.
Algo que se ha trabajado de manera muy eficiente es la identidad propia de cada localización, logrando que cada zona resulte diferente de la anterior y evitando así que el jugador caiga en la monotonía. Por ejemplo, El Muro se encuentra plagado de ladrones y saqueadores que no pondrán las cosas fáciles, obligándonos en gran parte del nivel a desplazarnos por los tejados y zonas elevadas para conseguir el cuarzo. Durante esta fase también podremos reclutar a un nuevo piloto que mejorará las habilidades relacionadas con el manejo de vehículos voladores, algo especialmente útil en los tramos más exigentes de la aventura.

Variedad de herramientas y objetos que usar a tu favor
La manera de infiltrarse en las zonas enemigas destaca por su gran variedad de posibilidades. Podemos escalar por el exterior de un edificio para colarnos por una ventana, acceder por la entrada principal generando distracciones con objetos o aprovechar rutas alternativas para evitar enfrentamientos directos. Todo esto funciona de forma eficiente gracias al buen diseño de las ubicaciones, ofreciendo muchas formas distintas de resolver cada situación y permitiendo que el jugador adopte su propio estilo de sigilo. Styx también cuenta con un interesante arsenal de herramientas, inicialmente limitado, pero que con el paso de las horas se amplía con habilidades como la creación de clones o una percepción mejorada del entorno que permite detectar amenazas ocultas.
Cuando absorbemos el primer fragmento de cuarzo, el juego introduce una estructura sandbox mucho más profunda. A partir de ese momento debemos buscar más fragmentos dispersos por todo el mundo de Styx: Blades of Greed, pudiendo hacerlo en el orden que deseemos. No existe una ruta fija, por lo que el jugador puede explorar este universo a su propio ritmo. Dependiendo de la zona elegida, el desafío puede ser mayor o menor, pero siempre acompañado de misiones variadas y pequeñas historias que hacen que la aventura resulte más amena.
Si por algo destaca Styx: Blades of Greed es por su notable diseño de mapas, aunque una de sus mayores sorpresas es que adopta ciertas mecánicas propias de los metroidvania. En varias ocasiones tendremos que revisitar zonas previamente exploradas para descubrir secretos que antes eran inaccesibles. Objetos como el gancho o el planeador permiten acceder a nuevas rutas o localizar fragmentos de cuarzo olvidados. Además, estos elementos amplían las posibilidades del sigilo y del desplazamiento. Conseguir fragmentos y planos resulta fundamental, ya que permiten desbloquear habilidades dentro del árbol de progresión, incluyendo poderes como supervelocidad, control mental o explosiones capaces de neutralizar enemigos. También se introducen habilidades pasivas mediante el uso de runas.

Una IA demasiado exigente con un esquema de control complejo
La experiencia de sigilo no sería sólida sin una buena inteligencia artificial enemiga, y es precisamente aquí donde Styx: Blades of Greed muestra algunas debilidades. Aunque existe una gran variedad de enemigos, su comportamiento a veces resulta excesivamente agresivo. En ciertas situaciones pueden perseguir al protagonista con insistencia tras detectar el más mínimo movimiento, lo que puede generar momentos algo frustrantes. Este comportamiento, unido a un esquema de control algo complejo al inicio, puede dificultar algunos enfrentamientos o provocar repeticiones innecesarias de determinadas secciones.
Por suerte, el juego incluye un sistema de guardado muy flexible que permite salvar el progreso prácticamente en cualquier momento. Esto convierte la experiencia en un proceso de ensayo y error mucho más llevadero y reduce considerablemente la frustración. No obstante, los controles siguen siendo uno de los puntos más discutibles del título, especialmente durante los combates, donde algunas animaciones pueden cancelarse a mitad de ataque o provocar movimientos erráticos.
En el apartado técnico encontramos un título algo irregular. Visualmente utiliza Unreal Engine 5, lo que permite ofrecer escenarios detallados y una iluminación convincente, aunque en ocasiones aparecen pequeños fallos como parpadeos o problemas con algunas texturas. Más problemáticos resultan ciertos fallos en las zonas de colisión, que pueden bloquear a Styx en momentos concretos. Aun así, el diseño de personajes y enemigos resulta muy variado y con personalidad, y el juego se mueve con soltura a 60 FPS, ofreciendo una experiencia visualmente atractiva.
En conclusión
En definitiva, Styx: Blades of Greed es un videojuego que evoluciona de forma inteligente respecto a sus predecesores, adoptando mecánicas modernas para ofrecer una aventura de más de veinte horas. Puede que no revolucione el género del sigilo, pero su sólido diseño de niveles, sus múltiples opciones de infiltración y el carisma de su protagonista consiguen ofrecer una experiencia divertida y muy recomendable para los amantes del género.
*Agradecimientos a Nacon por proporcionar una clave de PlayStation 5 para realizar este análisis.