Hace no mucho tiempo pudimos volver a disfrutar en consolas y PC del mítico juego rítmico Patapon. Una franquicia que se convirtió en un éxito en PSP y que nos brindó muchas horas de diversión con una propuesta original. Una de sus peculiaridades era combinar la música con la estrategia para dirigir a una serie de criaturas y derrotar enemigos. Ratatan no pretende ser una secuela ni un sucesor espiritual, a pesar de contar con antiguos desarrolladores de la franquicia entre sus creadores. No estamos ante un juego que busque ser continuista, sino ante una propuesta que apuesta por llevar la experiencia al género roguelike, donde tendremos que reunir a nuestro ejército y luchar.
La historia de Ratatan nos traslada a Rataport, una aldea conocida por albergar a los Cobuns y a los Ratatans que los comandan. Su objetivo principal es llegar al Everafter y conocer a su Diosa, algo que les llevará a enfrentarse a todo tipo de enemigos, mientras nosotros dirigimos a este pequeño gran ejército. A medida que avanzamos en la partida, tendremos acceso a numerosos Ratatans con habilidades propias y a distintos tipos de Cobuns. En un principio, podemos pensar que la cohesión entre ambas razas no tiene demasiada importancia, pero sí la tiene, convirtiéndose en una combinación muy efectiva. Cada Ratatan influye en los Cobuns y les proporciona mejoras y bonificaciones pasivas que podemos aprovechar en cada partida, haciendo que la progresión sea natural y divertida.
El manejo de los Ratatans es muy divertido y recuerda al de Patapon, con una serie de comandos rítmicos que les permiten moverse, atacar y ejecutar otras acciones. Al comenzar a dar este tipo de órdenes, comprobaremos que las diferentes combinaciones de botones son comandos musicales con los que podemos avanzar, atacar, defendernos o retirarnos de forma estratégica. Tras esta mecánica se esconde un buen componente roguelike: al luchar contra los enemigos podremos elegir mejoras, añadir cartas a nuestro mazo y crear una configuración más compleja que se adapte a nuestra forma de jugar. Esto también nos obliga a ser más estratégicos, ya que, si perdemos, volveremos al inicio. El sistema funciona bastante bien y resulta recomendable para quienes tengan paciencia y toleren la frustración, pues, con el paso de las horas, descubriremos qué mejoras nos hacen más fuertes. Esto nos obligará a rejugar secciones anteriores, optimizar nuestros recursos y repetir el ciclo tantas veces como sea necesario. Así, los niveles que al principio resultaban complejos y difíciles se vuelven más asequibles, proporcionando una progresión gratificante.
Conforme avanzamos por los niveles, obtenemos mejoras y diferentes caminos para definir las habilidades de nuestros personajes, por lo que es importante leer detenidamente qué vamos a desbloquear antes de gastar puntos. El combate tiene una buena profundidad y va mucho más allá de dirigir a nuestro Ratatan mediante comandos, ya que hacerlo sin ton ni son puede volverse en nuestra contra. Lo bueno del juego es que los enemigos anuncian las acciones que van a realizar, dándonos unos segundos para reaccionar, aunque en ocasiones el margen es demasiado reducido y nuestros Cobuns pueden sufrir graves daños. La curva de dificultad nos obliga a asimilar el ritmo del juego, descubrir patrones y aprender frases musicales que nos ayudarán a reconocer nuestros movimientos y los del rival. Sin embargo, en ocasiones la experiencia puede resultar algo injusta, ya que recibiremos ataques incluso cuando intentemos reaccionar correctamente. El título no tiene demasiados miramientos con el jugador y puede resultar especialmente difícil al enfrentarnos por primera vez a determinados jefes, cuyos patrones impredecibles dificultan esquivar sus ataques. Además, algunas acciones se ejecutan tan rápido que apenas tendremos tiempo para reaccionar.

Uno de los aspectos positivos es que las mejoras se mantienen de una partida a otra, proporcionando un sistema de progresión satisfactorio y dando importancia a Rataport. Allí tendremos una amplia variedad de opciones, además de un selector de misiones que, al completarlas, nos permitirá conseguir mejoras muy interesantes. Las armas también pueden mejorarse y, de hecho, es muy recomendable hacerlo, ya que conseguiremos bonificaciones permanentes que nos ayudarán a derrotar enemigos con mayor facilidad. Todo esto, unido al sistema de cartas y a las mejoras temporales que recogemos durante cada partida, crea un equilibrio bastante acertado entre progresión y dificultad, integrando de forma eficiente los elementos roguelike. Quizás uno de los aspectos en los que Ratatan flaquea es en la variedad de sus ritmos, que se repiten constantemente y no aportan demasiada diversidad, aunque sí ayudan a reconocer las secuencias y mantener la coordinación.
Por otro lado, durante los primeros compases puede resultar abrumadora la cantidad de sistemas y comandos que se nos presentan. Aunque se explican con claridad, su introducción podría haberse distribuido mejor, ya que los jugadores más inexpertos o impacientes podrían abandonar la partida al principio. El juego es muy divertido en solitario, pero es en el modo cooperativo donde saca a relucir todo su encanto, convirtiéndose en una auténtica locura. La experiencia cambia por completo, pues cada jugador dirige su propio ejército y todos deben coordinarse para definir una estrategia común. Esto hace que los movimientos sean más rápidos y que coincidan distintos ritmos, aunque también puede generar confusiones: un cambio en la melodía de un compañero podría despistarnos y llevarnos a ejecutar incorrectamente nuestra secuencia de ataques.
En lo que respecta al apartado técnico, Ratatan es una auténtica delicia visual para quienes disfrutaron de juegos como Patapon, aunque la desarrolladora ha sabido darle su propio toque personal. Como cabría esperar, apuesta por la técnica cel-shading, con personajes bien diseñados y líneas gruesas que dan protagonismo a sus animaciones y, sobre todo, al colorido. Los escenarios y personajes están llenos de color, ofreciendo un conjunto visualmente atractivo, aunque creemos que puede resultar algo sobrecargado en determinados momentos debido a la acumulación de elementos en pantalla, que pueden distraer al jugador. El sistema de interfaces es limpio y claro, algo especialmente positivo a la hora de seleccionar habilidades y cartas dentro de las mecánicas roguelike. El apartado sonoro también tiene un papel importante, con una banda sonora de ritmos pegadizos y efectos de sonido bien trabajados.
Conclusiones de Ratatan
Ratatan llega con una premisa clara: no pretende sustituir a Patapon, sino recuperar algunos de sus elementos jugables y llevarlos al género roguelike. El resultado es un juego visualmente atractivo y entretenido. A pesar de que sus mecánicas pueden resultar complejas durante las primeras partidas, ofrece una experiencia muy divertida y satisfactoria, capaz de proporcionar muchas horas de entretenimiento tanto en solitario como en cooperativo.
*Agradecimientos a Renaissance PR por proporcionar una clave de PC para realizar este análisis.