Hace dos décadas pudimos ver Call of Duty: Black Ops en plena forma, y ahora llega Call of Duty: Black Ops 7, el séptimo capítulo de la saga desarrollado por Treyarch, Raven Software e Infinity Ward, que continúan apostando por una experiencia futurista alejada de los contextos históricos clásicos de la franquicia.
El juego nos traslada al año 2035, una década después de los acontecimientos de la segunda entrega, donde el hijo de Mason lucha por el futuro del planeta frente a una nueva amenaza. Drones, robots de combate y fuerzas especiales pueblan un conflicto de alta tecnología en el que el jugador deberá recorrer numerosas localizaciones para frenarlo.
Como en el episodio anterior, Black Ops 7 prioriza una jugabilidad futurista: una campaña trabajada, un multijugador masivo con partidas de hasta 40 jugadores por equipos, el modo zombies y el regreso de Dead Ops son sus cartas para competir por el mejor FPS del año.
Una campaña que apuesta por el cooperativo
La campaña introduce la «obligatoriedad» del juego cooperativo, girando buena parte de su diseño alrededor de esta premisa e incorporando elementos de extracción. La historia se cuenta mediante cinemáticas y diálogos mientras avanzamos a gran ritmo por escenarios llenos de adrenalina. Eso sí, algunos objetivos han perdido complejidad respecto a misiones clásicas: abundan los enfrentamientos directos en los que se suele “arrasar” con el enemigo, aunque también hay momentos con variedad —defender zonas, resolver pequeños acertijos o activar mecanismos— que rompen la linealidad.
Un elemento narrativo importante es la toxina denominada Cradle, capaz de manipular la mente y provocar alucinaciones; parte de la campaña gira en torno a su influencia sobre el equipo de David Mason en incursiones por Avalon. Aunque se esperaba la reaparición de Raúl Menéndez, la entrega sorprende con una nueva antagonista: Emma Kagan, una líder tecnológica que busca controlar a la sociedad mediante esa toxina. En ocasiones los escenarios se alteran temporalmente o quedan detenidos, recurso que refuerza la sensación de amenaza y confusión.

Jugar la campaña en cooperativo resulta muy gratificante: la cooperación realza la experiencia. En solitario, en cambio, la aventura pierde parte de su fuerza; la ausencia de compañeros controlados por la IA se nota y dificulta cierta inmersión, ya que las cinemáticas y la acción parecen pensadas para un equipo. Además, al morir no siempre se recupera la posición exacta previa, sino un punto de control cercano, lo que penaliza el juego individual.
En lo jugable, se han incorporado elementos de progresión y diseño inspirados en juegos con tintes looter/rol: los enemigos muestran barras de energía al estilo Destiny, lo que resta algo de realismo a la fórmula del “headshot letal”. A medida que avanzas subes de nivel y desbloqueas armas, accesorios y aspectos que también influyen en el multijugador. No faltan los artilugios característicos: gancho para escalar, saltos potentes, reanimación de aliados y lanzagranadas, que aumentan la verticalidad y dinamismo del combate.
El modo zombies regresa con más opciones
Muchas misiones culminan en enfrentamientos contra jefes de gran tamaño que exigen localizar y explotar puntos débiles. La campaña dura alrededor de ocho horas, sin un selector de dificultad tradicional, por lo que la pericia del jugador condiciona notablemente la duración: en solitario puede alargarse por las repetidas muertes y la menor fluidez para resolver ciertos segmentos.

El modo zombies apuesta por un esquema por rondas donde hay que activar dispositivos en zonas específicas para ganar recursos, comprar armas y aguantar el máximo de oleadas posible. Funciona tanto en solitario como en cooperativo (siempre recomendable), y ofrece un capítulo estructurado con mapa e historia. Para jugadores que busquen un desafío mayor existe el modo Maldito, con dificultad aumentada.
El añadido de Dead Ops Arcade 4 resulta especialmente entretenido: arenas temáticas, dos perspectivas distintas y un ritmo frenético hacen de este modo una de las mejores incorporaciones al conjunto zombi, aportando variedad y desconexión respecto a la campaña principal.
El multijugador mejora gracias a la comunidad
El multijugador continúa con la velocidad del episodio anterior, pero con mapas de estética futurista mejor pensados: zonas pequeñas para acción intensa y otras más amplias para enfrentamientos a gran escala. Desde el lanzamiento se ofrecen varios mapas para distintos formatos (partidas 6v6 y modos de mayor envergadura). Los mapeados incluyen caminos secundarios y espacios bien diferenciados que favorecen estilos diversos de juego; la experiencia tiende a ser rápida sin caer en el caos absoluto.

El sistema de progreso está interconectado entre campaña, multijugador y zombies, incentivando a probar todas las modalidades. El matchmaking se ha refinado por habilidad y ahora soporta salas y distintos tamaños de partida, lo que acelera el emparejamiento aunque puede dar lugar a enfrentamientos con jugadores de nivel superior con cierta frecuencia. Técnicamente, el juego está bien optimizado y mantiene una tasa de imágenes por segundo constante en todas las plataformas; en PC añade soporte para tecnologías como DLSS para mejorar rendimiento y calidad visual.
En lo visual, las mejoras del motor se notan: mayor nitidez, entornos más extensos y detalles trabajados; los escenarios futuristas brillan con efectos de neón mejor integrados. La banda sonora mantiene un tono continuista respecto al episodio anterior, con composiciones que acompañan bien la acción pero sin arriesgar demasiado.
En conclusión
En resumen, Call of Duty: Black Ops 7 llega más ambicioso que su predecesor: nuevas habilidades, mecánicas avanzadas, un multijugador revisado y un modo zombies robusto lo convierten en una compra recomendable para estas navidades, especialmente para quienes buscan partidas rápidas y una experiencia multiformato.
*Agradecimientos a Activision por proporcionar una clave de PlayStation 5 para realizar este análisis.