Los videojuegos, al igual que el cine o la televisión, tienen la capacidad de transmitir mensajes y realizar críticas sociales de una forma muy efectiva. Dystopicon, desarrollado en solitario por Palitroque, apuesta precisamente por esa vía, construyendo una sátira sobre los regímenes totalitarios, la manipulación mediática y el control de la información. Lo hace a través de una propuesta diferente, donde la narrativa y la reflexión pesan mucho más que la acción.
La historia nos sitúa en el interior de una pequeña habitación, convertida en el único refugio del protagonista frente a una sociedad completamente sometida por un régimen autoritario. Aislado del mundo exterior, vive aferrado a los recuerdos de una vida pasada, echando de menos aspectos tan cotidianos como su televisión, sus programas favoritos, sus colecciones o incluso los trapecios con los que solía divertirse. Mientras tanto, la policía patrulla constantemente las calles, reprimiendo cualquier intento de comunicación y confiscando televisores a quienes incumplen las normas establecidas.
Un mundo distópico a través de la manipulación
Uno de los aspectos más llamativos del juego es su apartado artístico. Dystopicon apuesta por una estética retrofuturista repleta de colores apagados que contrastan con luces de neón y efectos visuales muy llamativos. El resultado transmite una sensación permanente de decadencia, donde la locura colectiva, la violencia y el contexto sexual forman parte del paisaje cotidiano. El universo creado por Palitroque resulta muy atractivo y consigue despertar la curiosidad del jugador, aunque su desarrollo jugable no termina de aprovechar todo ese potencial. La experiencia gira prácticamente por completo alrededor de la habitación del protagonista. Durante la partida deberemos observar la televisión, asimilar la información que recibimos y tomar distintas decisiones que conducirán a uno de los diez finales disponibles. La aventura puede completarse en unas tres horas aproximadamente, incluyendo un modo desafío pensado para quienes quieran optimizar cada partida y alcanzar los mejores tiempos.
La televisión constituye el eje principal de toda la progresión. Permanecer frente a ella genera dinero que posteriormente podremos invertir en mejorar nuestro estatus como ciudadano o preparar una posible huida. Poco a poco el apartamento irá ampliando sus posibilidades, permitiendo observar los disturbios desde la ventana mientras el conflicto se desarrolla en el exterior. La historia también se construye mediante cartas y pequeños detalles repartidos por la habitación, que ayudan a comprender el contexto político y social del mundo que habitamos. Conforme avanzamos también mejoran algunas de las comodidades del refugio, incorporando elementos como calefacción o una ducha que incrementan el bienestar del protagonista. Sin embargo, la escasez de recursos también termina afectando a la alimentación, que evoluciona desde simples aperitivos hasta situaciones mucho más extremas. Todo ello se desarrolla mientras seguimos consumiendo la programación televisiva y administrando el dinero obtenido mediante nuestras actividades diarias.
![]()
Los canales disponibles ofrecen contenidos muy variados. Algunos están orientados a la propaganda política para mejorar la reputación como ciudadano ejemplar, otros recurren a la religión para obtener beneficios económicos y tampoco falta un canal de contenido pornográfico que utiliza el humor absurdo para sorprender al jugador. Aunque la idea resulta divertida, el contenido de las emisiones termina siendo bastante limitado, apoyándose en personajes muy simples y escasas variaciones visuales. Más allá de la televisión, el juego introduce pequeñas actividades secundarias como eliminar ratas con el ratón para conseguir dinero, reciclar botellas o recoger cartones con los que mejorar distintos elementos del apartamento. Aunque estas tareas ayudan a romper ligeramente la rutina, terminan repitiéndose demasiado pronto, generando un bucle jugable que pierde interés con el paso del tiempo.
Conclusiones de Dytopicon
Dystopicon presenta una propuesta narrativa muy interesante y un universo capaz de transmitir con acierto su crítica a los sistemas totalitarios y a la manipulación informativa. Sin embargo, el desarrollo jugable no acompaña a la calidad de su planteamiento, ofreciendo una experiencia excesivamente pausada, repetitiva y limitada en cuanto a contenido. Su ambientación y su historia consiguen mantener el interés durante buena parte de la aventura, pero la sensación final es la de una idea con mucho potencial que necesitaba una mayor profundidad jugable para terminar de brillar.
*Agradecimientos a Jesús Fabre por proporcionar una clave de PC para realizar este análisis.