El rey de Creta protagoniza su propio videojuego bajo el desarrollo de Artificier y el sello de Devolver Digital. Minos, hijo de Zeus y Europa, da título a esta obra que ofrece un giro de tuerca a la mitología griega. Como muchos recordarán, Minos fue el encargado de construir el famoso laberinto destinado a encerrar al Minotauro Asterión, mitad hombre y mitad toro. Ahora, con el videojuego en nuestras manos, podemos afirmar que su atmósfera cercana a Dungeon Keeper y asumir el rol del protector del laberinto son algunas de sus principales claves.
Para dar forma a esta experiencia tan diferente, se ha realizado una curiosa pero eficiente combinación entre tower defense y roguelite. Se trata de una mezcla cada vez más habitual en la industria, ofreciendo partidas que recuerdan por momentos al ajedrez, donde planificar movimientos por adelantado, anticiparse al enemigo y preparar contramedidas resulta esencial para alcanzar la victoria. Una de las ventajas que posee Minos es que tanto el protagonista como el jugador conocen la ruta que realizará el intruso. Por ello, anticiparse y analizar al adversario varios turnos antes se convierte en algo primordial. Las mecánicas son sencillas de comprender y dominar, siendo el criterio estratégico del jugador lo que realmente define el desarrollo de cada partida.
Una experiencia donde la estrategia es primordial
Desde el inicio contamos con un laberinto básico, y nuestra labor será mover muros y colocar trampas a lo largo del recorrido que seguirá el enemigo, debilitándolo e impidiendo que llegue hasta el Minotauro. Una vez finalizada la fase de construcción, será el momento de comprobar si las defensas preparadas funcionan como esperábamos. Si todos los enemigos son eliminados, avanzaremos hacia un nuevo nivel del laberinto. En caso de derrota, habrá que comenzar de nuevo, aunque conservando puntos de experiencia, monedas y objetos obtenidos. Todo ello resulta muy útil, ya que antes de cada nueva partida podremos mejorar trampas o potenciar las estadísticas del Minotauro, haciéndolo más ofensivo o resistente.
Como buen representante del género tower defense, el juego incorpora varias de sus características clásicas. A medida que avanzan las rondas, el tamaño del laberinto crece y con ello la complejidad de sus caminos. Al mismo tiempo aparecen nuevas trampas, armas y elementos defensivos, además de obstáculos como muros inamovibles que obligan a replantear la estrategia. Minos no quiere que el jugador construya por construir, sino que utilice la inteligencia para convertir cada recorrido en una pesadilla para el enemigo. Al principio todo resulta sencillo, pero con el paso de las fases el desafío aumenta notablemente y obliga a analizar cada detalle. Además, es justo destacar que no existe límite de tiempo para preparar el laberinto, algo muy positivo para quienes disfrutan planificando con calma.

Una buena progresión con distintos tipos de trampas
Otro punto fuerte reside en su progresión estratégica, haciendo que el aumento de dificultad, trampas y defensas evolucione de manera natural. Sus mecánicas se dividen en tres fases principales: primero la inversión de monedas para conseguir nuevas trampas, mejorar al Minotauro e interactuar con personajes; después la selección de misiones o tipos de laberinto; y finalmente la fase de construcción, donde se modifican muros, puertas y mecanismos para frenar las oleadas enemigas.
El título también apuesta por limitar la colocación de unidades y elementos, elevando así el nivel de exigencia. Las trampas cuentan con usos concretos, algunos puzles complican la resolución de cada fase y ciertos mecanismos solo afectan a miembros específicos de las oleadas. En los niveles avanzados aparecen zonas limitadas para colocar defensas o muros imposibles de mover, transformando cada partida en un rompecabezas muy entretenido. Eso sí, la dificultad puede poner a prueba la paciencia de muchos jugadores. El reto escala con rapidez y pronto aparecen enemigos desde varias direcciones, aumentando en número de forma agresiva. Esta curva puede resultar excesiva para quienes busquen una progresión más gradual.

Jugabilidad entretenida pero dificultad irregular
La jugabilidad de Minos es muy entretenida, aunque no alcanza todo el potencial que podría ofrecer. La experiencia parece diseñada especialmente para jugarse con ratón, permitiendo una interacción rápida y precisa. También es posible disfrutarlo con mando, pero los controles no resultan tan ágiles como cabría esperar y navegar por los menús se vuelve algo torpe. La cámara puede girarse con ambos sistemas de control, pero lo que debería ser una ventaja termina siendo irregular, ya que en ocasiones no muestra toda la información con claridad. Aun así, el conjunto sigue siendo sólido y funcional en la mayoría de situaciones.
En lo artístico, el juego bebe intensamente de la mitología griega, algo visible desde el primer minuto en escenarios y personajes. Los laberintos cuentan con múltiples recovecos, opciones de configuración y trampas con efectos visuales llamativos. Los diálogos se presentan mediante ilustraciones estáticas cuyos personajes están bien diseñados. Su banda sonora, sin resultar especialmente memorable, acompaña con un tono épico y evocador que convierte la construcción y defensa del laberinto en una experiencia agradable.
En conclusión
Minos es una propuesta que mezcla con acierto los géneros tower defense y roguelite, dando rienda suelta a la creación de nuestro propio laberinto mediante sistemas sencillos que ganan profundidad estratégica con el paso de las horas. Una idea muy original que nos sumerge en la Antigua Grecia, aunque debería revisar su curva de dificultad, ya que puede desanimar a ciertos jugadores. Por lo demás, una fantástica experiencia tanto para partidas ocasionales como para largas sesiones.
*Agradecimientos a Cosmocover por proporcionar una clave de PC para realizar este análisis.