Double Fine Productions es muy conocido por estar bajo la batuta de Tim Schafer. Una de sus peculiaridades es la creatividad y la atmósfera, aspectos de los que presume mucho Keeper, un título con aire a cómic y una aventura entretenida cuya ambientación atrapa desde el primer minuto.
Uno de los puntos curiosos es que su historia se narra desde un punto de vista silencioso, sin diálogos. Esto se repite en Keeper: no se escuchan palabras, y la historia —poco habitual— se cuenta mediante gestos y escenas visuales. El protagonista no se queda corto: asume el papel de un farol viviente acompañado por un pájaro sin nombre.
En Keeper aterrizarás en una isla desconocida donde se aprecia la destrucción y la resurrección de un antiguo faro en la playa. Este no se reconstruye de forma mágica, sino que se fusiona con raíces y fragmentos del suelo, cobrando vida y ganando la capacidad de caminar. Al parecer, un misterioso pájaro de plumas verdes ha ayudado en su regreso y lo acompañará en todo momento, no solo como compañía sino también controlándolo en determinados momentos del juego.
El objetivo principal de Keeper es llegar a un misterioso ojo gigante situado en el centro de la isla para responder a algunas preguntas. La narración, sin palabras y solo mediante gestos y escenas bien resueltas, resulta diferente y efectiva: el faro, el pájaro y el propio jugador actúan como narradores mientras encajan las piezas de la trama. Keeper ofrece un viaje compartido en el que ambos deben colaborar mano a mano para alcanzar su meta.
El mundo del juego está muy bien desarrollado, mostrando lo mejor y lo peor de la naturaleza: zonas luminosas y bellas junto a otras oscuras y sobrecogedoras. En ciertos momentos da la sensación de adentrarse en un universo de cuento, recorriendo bosques donde las flores crecen con la luz del faro. Por otro lado, hay secciones —como una tormenta o una ciudad de seres mecánicos— que permiten viajar en el tiempo y rompen por completo las mecánicas habituales.

La premisa de Keeper es sencilla y no existe la posibilidad de morir: no pretende ser desafiante ni convertirse en un walking simulator, sino permitir que el jugador se integre en la historia e interactúe con el entorno. Entre sus mecánicas destacan los puzles, que invitan a estrujarse la cabeza durante unos minutos, y secuencias de acción. Todo ello se desarrolla a lo largo de 39 capítulos que desgranan la trama de forma acertada.
La principal herramienta del protagonista es el foco del faro. No solo sirve para iluminar y ver mejor en las zonas oscuras, sino para manipular el entorno e interactuar con los habitantes. Por ejemplo, al iluminar ciertas flores y árboles estos se transforman en puentes, o desaparecen aquellas que generan maleza. La interacción con los habitantes es interesante y variada: hay criaturas peculiares, como rocas con patas que saltan y se destrozan al impactar, lo que puede ayudar a abrir paso.
El pájaro que acompaña al faro también dispone de mecánicas propias: puede lanzarse a objetos señalados por un destello. Al usarlo se activa un pequeño minijuego que requiere pulsar un par de botones; no es muy desafiante, pero obliga a interactuar de forma distinta. Muchos elementos interactivos son palancas o manivelas, además de puzles creativos que requieren cooperación entre ambos personajes. Algunas secciones piden alternar entre pasado, presente y futuro, mostrando cómo el pájaro puede transformarse en huevo o adquirir una forma fantasmal que atraviesa puertas aparentemente inaccesibles; esta alternancia lo hace único.

Nuestro faro protagonista puede moverse por el suelo, lanzar destellos de luz e incluso dar pequeños saltos. Esto da pie a mecánicas como la captura de polen al impactar con flores: el polen hace crecer el suelo y permite alcanzar zonas inaccesibles, además de propiciar saltos con leves cambios de gravedad. Junto con los aleteos del pájaro, se crea una combinación que facilita cruzar abismos y llegar a lugares remotos. Recalcamos que el nivel de dificultad no es elevado, lo que permite a todo tipo de jugadores sumergirse en la atmósfera.
No es un juego especialmente largo —ronda las cinco horas—, pero destaca tanto por su jugabilidad como por su cuidada puesta en escena. La paleta de colores usa tonos pastel, con predominio de rosas y azules claros que transmiten calma y relajación. El estilo cartoon y los diseños, distintos a lo habitual, sobresalen por su expresividad y por contar una historia sin diálogos. La cámara muestra la acción desde distintos ángulos de forma automática, siendo una aliada más, y la banda sonora armoniza muy bien con la experiencia, creando un concepto relajante y ameno.
En conclusión
Keeper es una apuesta atrevida por parte de Double Fine Productions. La compañía siempre ha destacado por propuestas diferentes y, en esta ocasión, vuelve a lograr un videojuego con una propuesta jugable original que, aunque no sea exigente, ofrece una experiencia relajante y divertida.
*Agradecimientos a Xbox por proporcionar una clave de Xbox Series para realizar este análisis.